Abrimos el móvil al despertarnos y encontramos una nueva noticia. Entramos en una red social y aparecen diez más. Vivienda, conflictos internacionales, migración, economía, elecciones, protestas, crisis humanitarias, enfrentamientos políticos…
Y cuando dejamos el teléfono sobre la mesa, muchas veces la información no se queda en la pantalla: se viene con nosotros.
En épocas de incertidumbre social es frecuente sentir preocupación por lo que ocurre a nuestro alrededor. Informarse forma parte de nuestra manera de comprender el mundo y, en muchos casos, nos ayuda a tomar decisiones.
El problema aparece cuando dejamos de informarnos y empezamos a permanecer psicológicamente conectados a la amenaza.
En consulta podemos encontrarnos con personas que describen una sensación parecida: necesitan seguir leyendo porque quieren saber qué está ocurriendo, pero cuanto más leen, más inquietas se sienten.
¿Por qué ocurre esto?
La respuesta no está únicamente en el contenido de las noticias. También intervienen nuestra relación con la incertidumbre, la forma en la que funciona nuestra atención y el modo en que consumimos información a través de redes sociales.
¿Por qué las noticias pueden generarnos ansiedad?
Nuestro cerebro presta especial atención a aquello que puede representar una amenaza.
Desde un punto de vista adaptativo tiene sentido. Detectar rápidamente un peligro ha sido siempre más importante para nuestra supervivencia que prestar atención a un estímulo neutro.
El problema es que actualmente podemos recibir información potencialmente amenazante prácticamente sin interrupción.
Una crisis económica puede hacernos pensar en nuestro futuro laboral. El problema de acceso a la vivienda puede activar preocupaciones sobre nuestra estabilidad. Un conflicto internacional puede despertar miedo ante lo que pueda suceder. Una crisis migratoria puede exponernos de forma repetida a imágenes de sufrimiento y tensión social.
Aunque ninguno de estos acontecimientos esté sucediendo físicamente delante de nosotros, nuestro cerebro puede interpretarlos como información relevante para nuestra seguridad o nuestro futuro.
La consecuencia puede ser un estado mantenido de alerta:
necesidad de comprobar continuamente qué está pasando
pensamientos anticipatorios
dificultad para desconectar
irritabilidad
problemas de concentración
tensión muscular
alteraciones del sueño
sensación de que “en cualquier momento puede pasar algo”.
La ansiedad, por tanto, no siempre aparece ante una amenaza presente. También puede aparecer ante la posibilidad de que algo ocurra.
Y ahí entra en juego uno de los mecanismos psicológicos más importantes: la incertidumbre.
La incertidumbre: cuando nuestro cerebro quiere respuestas que todavía no existen
Las personas necesitamos cierto grado de predictibilidad.
Queremos saber qué va a pasar con nuestro trabajo, nuestra vivienda, nuestra economía, nuestras relaciones o nuestro entorno.
Cuando vivimos momentos socialmente inciertos, muchas de esas respuestas sencillamente no existen todavía.
Para algunas personas, esa falta de certeza resulta especialmente difícil de tolerar. Es lo que en psicología conocemos como intolerancia a la incertidumbre.
Entonces aparece una estrategia aparentemente lógica: buscar más información.
“Voy a mirar qué ha pasado.”
“Voy a comprobar si hay novedades.”
“Voy a leer otra opinión.”
“Voy a ver qué dicen en redes.”
Durante unos minutos podemos sentir que estamos recuperando el control.
Pero aparece una paradoja: buscar constantemente certeza sobre situaciones inciertas puede terminar aumentando nuestra necesidad de certeza.
Cada actualización genera nuevas preguntas. Cada respuesta conduce a otra noticia. Y cada noticia puede introducir un nuevo escenario que no habíamos contemplado.
Así se crea un círculo:
incertidumbre → preocupación → búsqueda de información → alivio momentáneo → nueva información → nuevas dudas → más incertidumbre.
No necesariamente estamos más seguros después de consumir veinte noticias. En ocasiones simplemente conocemos veinte escenarios nuevos por los que preocuparnos.
Doomscrolling: cuando no podemos dejar de buscar malas noticias
Este comportamiento tiene incluso un nombre: doomscrolling.
Se utiliza para describir el consumo persistente o repetitivo de información predominantemente negativa o amenazante, especialmente en entornos digitales, incluso cuando hacerlo empieza a generarnos malestar.
Es importante distinguirlo de estar informado.
Leer las noticias una vez al día no es doomscrolling. Consultar diferentes medios para comprender un acontecimiento tampoco.
La diferencia aparece cuando sentimos que nos cuesta dejar de buscar información aunque esa búsqueda ya no nos esté ayudando.
Por ejemplo:
“Solo voy a mirar cinco minutos.”
Media hora después seguimos saltando de una noticia a otra, después a X, después a Instagram, después a los comentarios y finalmente volvemos a comprobar si ha ocurrido algo nuevo.
La investigación científica está empezando a estudiar este fenómeno con mayor profundidad. Los estudios encuentran asociaciones entre un mayor doomscrolling y mayores niveles de ansiedad y malestar psicológico, así como menores indicadores de bienestar.
Eso no significa que leer noticias provoque automáticamente un trastorno de ansiedad, ni que todas las personas reaccionemos de la misma manera.
Significa algo más interesante: la forma en la que nos relacionamos con la información puede convertirse en un factor relevante para nuestro bienestar psicológico.
Las redes sociales han cambiado nuestra forma de vivir las noticias
Hace algunas décadas existían momentos relativamente definidos para informarse: el periódico, el informativo de televisión o la radio.
Hoy las noticias no tienen horario.
Nos acompañan en el bolsillo.
Además, en redes sociales conviven noticias, opiniones, vídeos, experiencias personales, titulares, memes, imágenes impactantes y comentarios de miles de desconocidos.
Esto introduce un elemento psicológico importante: ya no solo consumimos acontecimientos; consumimos también las reacciones emocionales de otras personas ante esos acontecimientos.
Una misma noticia puede aparecer acompañada de miedo, indignación, enfado, ironía o confrontación.
Y las emociones también se contagian socialmente.
Por eso podemos entrar en una red social para informarnos sobre un determinado acontecimiento y salir veinte minutos después sintiéndonos enfadados o angustiados, aunque inicialmente no nos sintiéramos así.
De la información a la polarización: “nosotros” frente a “ellos”
Hay otro fenómeno especialmente relevante: la polarización.
Cuando existe incertidumbre buscamos explicaciones que permitan ordenar una realidad compleja.
El problema aparece cuando esa complejidad empieza a reducirse a dos grupos enfrentados:
“los nuestros” y “los otros”.
“los que entienden lo que ocurre” y “los que están equivocados”.
Las investigaciones sobre polarización muestran que en este fenómeno intervienen procesos cognitivos, motivacionales, sociales y tecnológicos.
Las redes sociales pueden reforzar algunos de ellos mediante la selección de contenidos, las dinámicas grupales y la exposición repetida a mensajes que generan una respuesta emocional intensa.
Esto puede producir algo curioso: una noticia deja de ser únicamente información sobre un acontecimiento y empieza a percibirse como una amenaza hacia nuestra identidad o nuestro grupo.
Entonces cambia nuestra manera de procesarla.
Ya no buscamos únicamente comprender.
Buscamos confirmar.
Defender.
Responder.
Demostrar.
Y esto puede mantenernos psicológicamente activados durante horas.
La polarización también puede generar ansiedad
La polarización suele analizarse como un fenómeno político o social, pero también tiene una dimensión psicológica.
Cuando percibimos constantemente que la sociedad está dividida en grupos incompatibles, podemos desarrollar una sensación de conflicto permanente.
El mundo comienza a parecer más hostil.
Las conversaciones cotidianas pueden convertirse en espacios que evitamos por miedo al enfrentamiento.
Podemos sentir que tenemos que posicionarnos inmediatamente sobre acontecimientos enormemente complejos.
Incluso puede aparecer culpa por desconectar:
“Con todo lo que está pasando, ¿cómo voy a dejar de informarme?”
Pero estar permanentemente expuestos al conflicto no nos convierte necesariamente en personas mejor informadas.
Informarse y vivir en estado de alerta no son lo mismo.
¿Por qué seguimos mirando si sabemos que nos hace sentir peor?
Porque nuestro cerebro intenta cerrar la incertidumbre.
Cuando algo nos preocupa, sentimos que encontrar “la información correcta” puede proporcionarnos tranquilidad.
Y a veces ocurre.
Pero otras veces estamos intentando resolver mediante información un problema que la información todavía no puede resolver.
No sabemos qué ocurrirá dentro de seis meses.
No sabemos cómo evolucionará una crisis.
No sabemos cómo cambiarán determinadas circunstancias económicas o sociales.
Podemos tener datos, previsiones y opiniones, pero no certeza absoluta.
Por eso una parte importante del manejo de la ansiedad consiste precisamente en aprender algo que resulta incómodo: podemos vivir sin conocer todas las respuestas.
¿Cómo informarnos sin vivir permanentemente en alerta?
La solución no consiste necesariamente en dejar de leer noticias.
Evitar completamente aquello que nos preocupa tampoco suele ser una estrategia útil a largo plazo.
El objetivo es recuperar una relación más consciente con la información.
1. Diferencia información de comprobación
Antes de abrir una aplicación, pregúntate:
“¿Quiero informarme o quiero tranquilizarme?”
Si has consultado las noticias hace diez minutos y vuelves a hacerlo para comprobar si “todo sigue bien”, probablemente no estés buscando información nueva.
Estás buscando certeza.
Reconocer esa diferencia es importante.
2. Pon horarios a las noticias
No necesitamos conocer cada acontecimiento cinco minutos después de que suceda.
Puedes elegir uno o dos momentos del día para informarte y evitar hacerlo continuamente.
Especialmente antes de dormir.
Tu cerebro también necesita momentos en los que el mundo deje de reclamar su atención.
3. Reduce las notificaciones
Una notificación convierte una noticia en una interrupción.
Y una interrupción inesperada tiene mucha más capacidad para capturar nuestra atención.
Desactivar las alertas que no sean imprescindibles permite que seas tú quien decida cuándo informarte.
4. Elige fuentes en lugar de consumir un feed infinito
Existe una diferencia importante entre entrar deliberadamente en un medio para consultar las noticias y deslizar durante cuarenta minutos un feed diseñado para no terminar nunca.
En el primer caso tú eliges cuándo empiezas y cuándo terminas.
En el segundo, el final no existe.
5. No confundas exposición con comprensión
Leer cincuenta publicaciones sobre un acontecimiento no significa necesariamente comprenderlo mejor.
En ocasiones, después de cierto punto, dejamos de obtener información relevante y empezamos simplemente a repetir nuestra exposición emocional al mismo tema.
6. Observa qué ocurre en tu cuerpo
La ansiedad no aparece únicamente como pensamiento.
Observa si mientras consumes noticias aprietas la mandíbula, aceleras la respiración, tensas los hombros o notas inquietud física.
Puede ser una señal de que necesitas detener la exposición y volver al presente.
7. Recupera aquello sobre lo que sí tienes capacidad de acción
Una de las experiencias que más alimenta la ansiedad es sentir que algo importante está ocurriendo y que no podemos hacer nada.
Pregúntate:
“¿Hay alguna acción útil que pueda realizar respecto a esto?”
Si existe, puedes decidir llevarla a cabo.
Si no existe, continuar leyendo durante otra hora probablemente tampoco aumentará tu capacidad de control.
¿Cuándo puede ser recomendable pedir ayuda psicológica?
Preocuparse por la actualidad no significa tener un problema psicológico.
La ansiedad es una respuesta humana y cumple una función.
Sin embargo, conviene prestarle atención cuando empieza a interferir de forma significativa en nuestra vida cotidiana.
Por ejemplo, cuando la preocupación es difícil de controlar, necesitas comprobar continuamente las noticias, tienes dificultades para dormir, aparecen síntomas físicos frecuentes, evitas situaciones por miedo, tu concentración se ve afectada o sientes que permaneces en alerta incluso cuando intentas descansar.
En estos casos, la terapia psicológica puede ayudar no solo a reducir los síntomas, sino a comprender qué mecanismos están manteniendo la ansiedad.
En Psicología de Bienestar trabajamos con personas que presentan ansiedad, preocupación excesiva, estrés y dificultades relacionadas con la incertidumbre, tanto mediante terapia psicológica presencial en Bilbao como mediante terapia online.
El objetivo no consiste en conseguir que nunca vuelvas a preocuparte.
Consiste en que la preocupación deje de dirigir tu vida.
Preguntas frecuentes sobre ansiedad y noticias
¿Ver demasiadas noticias puede provocar ansiedad?
La exposición a información negativa no implica automáticamente desarrollar un trastorno de ansiedad. Sin embargo, el consumo repetitivo de noticias amenazantes, especialmente cuando resulta difícil desconectar, se ha relacionado en diferentes investigaciones con mayores niveles de ansiedad y malestar psicológico.
¿Qué es el doomscrolling?
El doomscrolling es el consumo persistente o repetitivo de noticias e información negativa o amenazante en internet, especialmente cuando sentimos dificultad para dejar de hacerlo aunque nos esté generando malestar.
¿Por qué miro continuamente las noticias cuando estoy preocupado?
Buscar información puede proporcionarnos una sensación temporal de control. Cuando existe mucha incertidumbre, comprobar constantemente las noticias puede funcionar como una búsqueda de tranquilidad. El problema aparece cuando ese alivio dura poco y necesitamos volver a comprobar una y otra vez.
¿Tengo que dejar de ver las noticias si me generan ansiedad?
No necesariamente. El objetivo puede ser modificar la manera de consumirlas: establecer horarios, seleccionar fuentes fiables, limitar notificaciones y observar cuándo estamos buscando información útil y cuándo estamos intentando obtener una certeza imposible.
¿Las redes sociales pueden aumentar la polarización?
La investigación indica que la relación es compleja. Factores como la selección de contenidos, las dinámicas sociales, el tipo de mensajes que circulan y el diseño de las plataformas pueden contribuir a reforzar procesos de polarización. Esto no significa que todas las redes sociales o todos sus usuarios reaccionen de la misma manera.
¿Cuándo debería acudir a un psicólogo por ansiedad?
Cuando la ansiedad, la preocupación o la necesidad de comprobar información empiezan a afectar al sueño, el trabajo, las relaciones, la concentración o tu capacidad para disfrutar y descansar, puede ser recomendable realizar una valoración psicológica.
En Psicología de Bienestar ofrecemos atención psicológica presencial en Bilbao y terapia online para personas que quieren aprender a gestionar la ansiedad, la preocupación y la incertidumbre.
Idea clave
Estar informado nos ayuda a comprender el mundo.
Estar permanentemente conectado a todo lo que puede salir mal nos hace sentir que debemos estar preparados para amenazas que quizá nunca lleguen.
En un contexto en el que no podemos controlar las noticias, los acontecimientos ni lo que otras personas publican, cuidar nuestra salud mental también significa aprender a decidir cuándo necesitamos información y cuándo necesitamos desconectar de ella.