Por Javier Pérez-Yarza Fernández · Psicólogo sanitario colegiado BI06380 en Bilbao (Psicología de Bienestar)
El verano trae consigo más tiempo libre, fiestas populares, noches largas y las primeras experiencias nocturnas para muchos jóvenes.
Recientemente tuve el placer de participar en el programa Iniciativa Euskadi de Radio Euskadi, donde conversamos en profundidad sobre las inquietudes que esto genera en las familias bilbaínas: la hora de regreso, el consumo de alcohol, las conductas de riesgo, el uso de la ubicación en el móvil o la presión de grupo.
Como psicólogo especialista en adolescencia en nuestra consulta de Psicología de Bienestar en Bilbao, compruebo a diario cómo las salidas nocturnas pueden convertirse en un terreno de tensión familiar. Sin embargo, salir de fiesta forma parte del proceso natural en el que los adolescentes aprenden a tomar decisiones y asumir responsabilidades.A continuación, comparto las claves que transmití en la entrevista para abordar este desafío desde el diálogo, la seguridad y los límites educativos.
1. Salir de fiesta también es educar en autonomía
Es habitual que la idea de que un hijo salga por la noche despierte alarma. Sin embargo, abordar el ocio nocturno desde el miedo o el derrotismo suele distanciar a los jóvenes. La adolescencia combina un gran deseo de independencia con una experiencia vital aún limitada; por eso, el papel de la familia no es controlar cada paso, sino ofrecer un marco seguro.En lugar de lanzar advertencias apresuradas en la puerta de casa justo antes de que salgan, recomiendo buscar momentos neutros de conversación previa para repasar cuestiones clave:
¿Cómo y con quién van a regresar a casa?
¿Cómo actuar si un amigo se encuentra mal o surge un problema?
¿Qué hacer si se sienten incómodos en un lugar o les ofrecen sustancias?
2. ¿Imponer o negociar los horarios de regreso?
Las normas impuestas sin explicación generan resistencia. Los límites continúan siendo indispensables, pero son mucho más eficaces cuando se argumentan.
No es lo mismo decir "Vuelves a las dos porque lo digo yo", que plantear: "Nos preocupa cómo vas a volver a casa a esa hora y la falta de descanso. Negociemos un horario razonable y un plan de regreso seguro".
A la hora de acordar la hora de vuelta en Bilbao o sus alrededores, conviene valorar:Edad y grado de madurez del adolescente.
Tipo de evento y transporte disponible (horarios de Metro Bilbao, Euskotren o autobuses).
Distancia y experiencia previa cumpliendo compromisos.
3. Alcohol, sustancias y la capacidad de decir "no"
Evitar hablar de drogas y alcohol por miedo a "dar ideas" es un error. Los adolescentes manejan mucha información —no siempre precisa— a través de su entorno y redes sociales.La prevención pasa por hablar de los riesgos reales con naturalidad: la pérdida de control en las decisiones, el peligro de viajar con alguien que ha consumido o la importancia de pedir ayuda inmediata ante una emergencia.
Debe quedar claro que, ante un problema de salud o riesgo, la prioridad absoluta de la familia será la seguridad, no el castigo inmediato.Asimismo, es fundamental dotarles de herramientas frente a la presión de grupo. En la entrevista en Radio Euskadi destaqué dos aprendizajes inseparables:
Saber decir "no" y sostener la propia postura frente al grupo.
Respetar los límites ajenos, entendiendo que nadie debe presionar a otra persona para beber, consumir o mantener relaciones sexuales.
4. Consentimiento, respeto y relaciones afectivas
Las conversaciones sobre sexualidad no deben limitarse a la prevención de riesgos biológicos. En la consulta trabajamos de forma continua el concepto de consentimiento libre, claro y continuado.Es clave transmitirles que el silencio o la presión no equivalen a un "sí", que el alcohol reduce la capacidad de consentir de forma consciente y que cualquier persona tiene derecho a cambiar de opinión en cualquier momento.
5. Ubicación del móvil: ¿seguridad o vigilancia?
En el programa me preguntaron con frecuencia sobre el uso de aplicaciones de localización. Mi postura es clara: la ubicación debe ser un apoyo puntual de seguridad, nunca un sustituto de la confianza.
Uso saludable: Acordar previamente compartir la ubicación durante el trayecto de regreso a casa por tranquilidad mutua.
Uso problemático: Monitorizar en silencio y de forma compulsiva cada paso del adolescente, lo que transmite desconfianza y erosiona la relación.La meta no es saber dónde está cada minuto, sino garantizar que sabe a quién acudir si surge una urgencia.
¿Cuándo es el momento de buscar ayuda profesional?
Las discusiones puntuales sobre horarios o el uso de pantallas son normales durante la adolescencia. No obstante, si el ocio nocturno y los límites se han convertido en una fuente constante de conflicto en casa, es aconsejable contar con orientación especializada.Conviene valorar una consulta de psicología si observas:
1. Incumplimientos sistemáticos de límites y conductas de riesgo recurrentes.
2. Sospecha o confirmación de consumo problemático de alcohol u otras sustancias.
3. Ruptura grave de la comunicación o agresividad verbal/física en el hogar.
4. Miedo o ansiedad extrema en los padres que deriva en un control obsesivo.
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Dirección: Calle Juan de Ajuriaguerra 19, Abando — Bilbao.
Especialidades: Psicología adolescente, gestión emocional, problemas de conducta, prevención de adicciones y terapia familiar.