Nuestro más profundo agradecimiento a todas las personas que habéis compartido aquí vuestra experiencia terapéutica, por abrir un espacio tan íntimo.
Nos emociona poder acompañaros y aprender de cada historia. Gracias por vuestra generosidad, que habla no sólo del trabajo para poder avanzar, sino también del coraje que supone mirar hacia dentro.
Testimonios auténticos de quienes han transformado su bienestar.
Descubre cómo iniciar tu camino hacia la salud mental y aprovechar al máximo nuestras terapias personalizadas.
Al llegar al centro tenía ansiedad desde que me despertaba hasta que me acostaba. Me temblaban las manos, el corazón se aceleraba sin motivo y pensaba constantemente que me iba a pasar algo malo.
En terapia he aprendido a identificar lo que me dispara. Con profesionalidad y humanidad me están enseñando técnicas de respiración, a parar esa reactivación, a cuestionar mis pensamientos y a organizar mejor mi tiempo. A día de hoy vuelvo a dormir bien y puedo concentrarme en mi trabajo.

M. R.,
34 años
Perder a mi padre me dejó paralizada. Pensé que con el tiempo se pasaría, pero al año seguía igual: sin ganas, triste, con culpa por no haber estado más presente.
Pude hablar en terapia de todo eso que siempre evitaba. Especialmente agradezco la sensibilidad en cada sesión. He aprendido a recordar a mi padre sin sentir ese nudo en el pecho.

T. G.,
55 años
La depresión me hizo sentir que ya no era yo. Dejé de ver a mis amigos, mi vida social desapareció y me costaba incluso ducharme.
La psicóloga me acompañó paso a paso, sin prisa pero sin soltarme. Hicimos trabajo emocional, hábitos de autocuidado y ejercicios cognitivos que me ayudaron a frenar el pensamiento negativo constante. Agradezco muchísimo su cercanía, su claridad y que jamás me haya hecho sentir un peso

F. M.,
37 años
Fuimos porque teníamos muchos conflictos como pareja. Nos ayudaron a recuperar la complicidad que habíamos perdido. Excelente profesional y trato impecable.

N. H y P. V.,
36 y 38 años
Durante años he luchado con la comida, las restricciones y el miedo a engordar. El espejo ha sido mi enemigo y cada comida un campo de batalla Aquí he encontrado una mirada completamente diferente, más compasiva, más realista.
Aunque aún estoy trabajando la imagen corporal y la relación con la comida, ya no vivo con tanta culpa. Estoy aprendiendo a escuchar mis necesidades y a dejar de castigarme. Aún sigo en el proceso, pero cada semana avanzo un poco más No ha sido fácil, pero sí transformador. Gracias por no rendirse conmigo.

V. C.,
24 años
Después de perder a mi pareja no encontraba sentido a nada. El terapeuta me acompañó con respeto y claridad. Poco a poco fui reconstruyendo mi día a día. Muy agradecida.

O. P.,
52 años
Pasé meses con mareos, presión en el pecho y hormigueos que me asustaban mucho. Tras descartar causas médicas, llegué al centro y aprendí cómo la ansiedad puede manifestarse físicamente.
Estoy todavía trabajando en regular mi cuerpo y mis pensamientos, pero los síntomas han disminuido muchísimo. Me siento más tranquila y mucho más capaz

R. Q.,
35 años
Cuando acudimos al centro, mi pareja y yo llevábamos 12 años juntos. Tenemos una hija pequeña. Discutíamos por cualquier cosa, desde quién hacía la compra hasta cómo educarla. Las sesiones nos permitieron frenar, escucharnos y darnos cuenta de que no éramos enemigos. Aprendimos herramientas de comunicación que seguimos usando.
Agradecemos el tacto con el que se trató el tema de la crianza, que era nuestro mayor motivo de choque. Ha sido transformador.

J. L. y A. P.,
41 y 39 años
Vine con un diagnóstico de trastorno por atracón. Mi vida giraba en torno a la comida: escondía paquetes, hacía promesas que no podía cumplir y me odiaba después de cada episodio. Pensaba que nadie podía entenderlo.
La psicóloga fue la primera persona que me escuchó sin juzgarme. Trabajamos mi relación con el cuerpo, la autoestima y esa sensación de vacío que intentaba llenar comiendo. Hoy llevo 8 meses sin atracones y, por primera vez, puedo mirar una foto mía sin criticarme. Gracias por el acompañamiento tan humano.

C. E.,
28 años
Soy enfermera y llegué completamente quemada por el ritmo del trabajo. Tenía insomnio, llanto fácil y una sensación constante de tensión en el pecho.
En terapia pude entender cómo el estrés mantenido había desbordado mis recursos. Trabajamos límites laborales, autorregulación y cómo desconectar al llegar a casa. Me ayudó incluso a gestionar la conversación con mi jefa para reincorporarme de manera gradual. Ha sido un proceso clave en mi vida. Aún mantengo sesiones puntuales para evitar recaídas, pero ahora me siento mucho más equilibrada y capaz de gestionar el ritmo del trabajo.

I. B.,
48 años
El TOC me consumía horas revisando puertas, luces y llaves. El terapeuta me explicó el ciclo obsesión-ritual y trabajamos exposición y prevención de respuesta. Es duro pero nunca me he sentido solo. Aunque sigo en terapia para afianzar los cambios, la sucesión de rituales, el pensamiento que antes me martilleaba ya no están de la misma forma, ya no controla mi vida.

E. R.,
31 años
En un momento de crisis con mi imagen, mis proyectos…con mi vida en general, me ayudaron a entender qué quería realmente. Una guía maravillosa.

G. T.,
45 años
Siempre he sido tímido, pero en los últimos años se había convertido en un problema: evitaba reuniones, no podía participar en el trabajo y me daba vergüenza hasta hacer una llamada. Con la terapia estoy aprendiendo habilidades sociales y a tolerar el miedo sin huir. Actualmente incluso he podido dar dos presentaciones en mi empresa.
Todavía me pongo nervioso en algunas situaciones, así que sigo asistiendo a sesiones, pero ahora ya no huyo.

A. N.,
27 años
Mi vida estaba totalmente dominada por la limpieza: horas fregando, duchas de más de 40 minutos y un miedo irracional a contaminarme.
Afectó a mi trabajo y mi relación de pareja. En terapia me están dando herramientas claras, pautas realistas y un acompañamiento lleno de respeto.
Aún estoy en terapia y sé que queda trabajo, pero he reducido mucho los rituales y vuelvo a tener tiempo para mí. Agradezco profundamente la paciencia y el saber hacer de la psicóloga.

Y. M.,
30 años
Busqué ayuda porque mi hijo de 16 años había empezado a faltar a clase, contestaba de malas formas, casi siempre estaba irritable. Se metía en su cuarto y no había manera de hablar con él. Como madre me sentía culpable, perdida y agotada.
El psicólogo nos explicó qué estaba pasando a nivel emocional, cómo poner límites sin generar más conflicto y cómo comunicarnos sin que él se cerrara aún más. Notamos cambios desde el primer mes: volvió a interesarse por el deporte, empezó a hablar más en casa y nuestras discusiones se redujeron muchísimo, pero seguimos asistiendo porque todavía estamos trabajando dinámicas familiares. Aun así, el cambio ha sido enorme.
Gracias por el apoyo y la orientación tan clara.

S. V.,
46 años
A los 40 me encontré en una especie de limbo: no sabía si quería seguir en mi trabajo, mi relación se había enfriado y sentía que todo lo que hacía era por inercia.
Las sesiones me ayudaron a entender que estaba agotada emocionalmente y que necesitaba parar. Aprendí a tomar decisiones desde la calma y no desde el miedo.
Todavía sigo en proceso, pero ya me siento más centrada y estoy tomando decisiones más coherentes conmigo. Ha sido un alivio enorme. Ahora he cambiado de departamento en mi empresa y me siento mucho más alineada conmigo misma.

R. S.,
40 años
Durante casi tres años no pude viajar sola ni siquiera a dos estaciones de metro de mi casa. Me daba miedo desmayarme, perder el control, quedarme atrapada. El psicologo me enseñó a entender lo que estaba pasando en mi cuerpo y graduó conmigo cada exposición. Fuimos paso a paso: primero caminar por la calle, luego entrar en el metro acompañado, después sola… El día que hice mi primer trayecto completo lloré de emoción. Eternamente agradecida.

L. D.,
43 años
Vivía en un estado de alerta constante. Aunque todo estuviera bien, mi cuerpo actuaba como si hubiera peligro. Gracias a la terapia aprendí a identificar mis pensamientos catastrofistas y conectar con mi cuerpo. Hoy me siento más ligero.

A. J.,
51 años
Tenía muchos enfados y no sabía cómo explicarlos. En las sesiones puedo hablar sin sentirme juzgado. Aún estoy aprendiendo a gestionar mis emociones, pero ya discuto menos con mis padres.

E. K.,
18 años (15-16 durante la terapia. Sesiones esporádicas posteriores por propia decisión)
No me reconocía después de dar a luz. Todo el mundo me decía que debía estar feliz y yo solo sentía una tristeza profunda y un cansancio que no desaparecía. En terapia me explicaron que no estaba sola, que lo que me pasaba tenía nombre y tratamiento.
La psicóloga fue un sostén enorme en un momento muy oscuro. Le estoy infinitamente agradecida.

K. S.,
32 años
Antes de comenzar la terapia no atendíamos a muchas cosas que ahora nos hacen felices. Para empezar, pensábamos que el sexo es más propio de etapas anteriores y que se extingue el deseo. Igual que planes de aventura. No hace falta hacer viajes ni gastar mucho dinero para sentirnos jóvenes en pareja.

M. T. y J. I. I.,
58 y 63 años
Testimonios auténticos de quienes han transformado su bienestar.
Descubre cómo iniciar tu camino hacia la salud mental y aprovechar al máximo nuestras terapias personalizadas.

Historias reales de personas que mejoraron su calidad de vida.
Conoce cómo nuestros métodos basados en evidencia ayudaron a superar retos emocionales y fortalecer relaciones personales.
Cambiando vidas gracias a un acompañamiento profesional y cercano.
Este testimonio revela cómo la terapia individual y de pareja facilitó el crecimiento personal y la resolución de conflictos.


Construyendo bienestar duradero a través de apoyo psicoemocional efectivo.
Relatos que muestran la superación de dificultades y la recuperación del equilibrio emocional con técnicas científicas.
Respaldado por la experiencia de más de 30 años.
Aquí compartimos la confianza y el respeto que hemos cultivado a través de años de atención dedicada, testimonios de pacientes satisfechos y certificaciones profesionales que avalan nuestro compromiso con tu bienestar.