Equipo

Comprometidos con cuidar tu salud mental

Conoce al equipo profesional que, con más de 30 años de experiencia, impulsa Psicología de Bienestar mediante un enfoque científico y personalizado.

Expertos en terapia psicológica individual y para parejas

Especialistas en terapias y técnicas en ambos ámbitos

Cristina Migoya Calvo-Sotelo

Especialista en Psicología Clínica

Especialista en Psicología Adolescente

Psicóloga Evaluadora

Terapeuta de Pareja

Experta con más de 30 años guiando procesos terapéuticos con un enfoque empático y científico. Experta en evaluaciones psicológicas con enfoque personalizado y resultados precisos.

Su trabajo se caracteriza por su liderazgo en programas de apoyo juvenil y estrategias adaptativas.

Destaca por su enfoque innovador y su habilidad para facilitar la comunicación entre parejas.

Javier Pérez-Yarza Fernández

Especialista en Psicología Clínica

Especialista en Psicología Adolescente

Terapeuta de Pareja

Psicólogo Evaluador

Destaca por su enfoque innovador y su habilidad para facilitar la comunicación entre parejas. Procesos terapéuticos con un enfoque empático, científico y personalizado con resultados precisos.

Su trabajo se caracteriza por su liderazgo en programas de apoyo juvenil y estrategias adaptativas.

Experto en evaluaciones psicológicas con enfoque personalizado y resultados precisos.

Tu bienestar emocional, nuestro compromiso profesional

A quienes ya han finalizado su proceso y a quienes continuáis trabajando por vuestro bienestar, gracias por vuestra confianza y por permitir que vuestras palabras puedan acompañar a otras personas que quizá estén dando sus primeros pasos.

Al llegar al centro tenía ansiedad desde que me despertaba hasta que me acostaba. Me temblaban las manos, el corazón se aceleraba sin motivo y pensaba constantemente que me iba a pasar algo malo.

En terapia he aprendido a identificar lo que me dispara. Con profesionalidad y humanidad me están enseñando técnicas de respiración, a parar esa reactivación, a cuestionar mis pensamientos y a organizar mejor mi tiempo. A día de hoy vuelvo a dormir bien y puedo concentrarme en mi trabajo.

M. R.,

34 años

Perder a mi padre me dejó paralizada. Pensé que con el tiempo se pasaría, pero al año seguía igual: sin ganas, triste, con culpa por no haber estado más presente.

Pude hablar en terapia de todo eso que siempre evitaba. Especialmente agradezco la sensibilidad en cada sesión. He aprendido a recordar a mi padre sin sentir ese nudo en el pecho.

T. G.,

55 años

La depresión me hizo sentir que ya no era yo. Dejé de ver a mis amigos, mi vida social desapareció y me costaba incluso ducharme.

La psicóloga me acompañó paso a paso, sin prisa pero sin soltarme. Hicimos trabajo emocional, hábitos de autocuidado y ejercicios cognitivos que me ayudaron a frenar el pensamiento negativo constante. Agradezco muchísimo su cercanía, su claridad y que jamás me haya hecho sentir un peso

F. M.,

37 años

Fuimos porque teníamos muchos conflictos como pareja. Nos ayudaron a recuperar la complicidad que habíamos perdido. Excelente profesional y trato impecable.

N. H y P. V.,

36 y 38 años

Durante años he luchado con la comida, las restricciones y el miedo a engordar. El espejo ha sido mi enemigo y cada comida un campo de batalla Aquí he encontrado una mirada completamente diferente, más compasiva, más realista.

Aunque aún estoy trabajando la imagen corporal y la relación con la comida, ya no vivo con tanta culpa. Estoy aprendiendo a escuchar mis necesidades y a dejar de castigarme. Aún sigo en el proceso, pero cada semana avanzo un poco más No ha sido fácil, pero sí transformador. Gracias por no rendirse conmigo.

V. C.,

24 años

Después de perder a mi pareja no encontraba sentido a nada. El terapeuta me acompañó con respeto y claridad. Poco a poco fui reconstruyendo mi día a día. Muy agradecida.

O. P.,

52 años

Pasé meses con mareos, presión en el pecho y hormigueos que me asustaban mucho. Tras descartar causas médicas, llegué al centro y aprendí cómo la ansiedad puede manifestarse físicamente.

Estoy todavía trabajando en regular mi cuerpo y mis pensamientos, pero los síntomas han disminuido muchísimo. Me siento más tranquila y mucho más capaz

R. Q.,

35 años

Cuando acudimos al centro, mi pareja y yo llevábamos 12 años juntos. Tenemos una hija pequeña. Discutíamos por cualquier cosa, desde quién hacía la compra hasta cómo educarla. Las sesiones nos permitieron frenar, escucharnos y darnos cuenta de que no éramos enemigos. Aprendimos herramientas de comunicación que seguimos usando.

Agradecemos el tacto con el que se trató el tema de la crianza, que era nuestro mayor motivo de choque. Ha sido transformador.

J. L. y A. P.,

41 y 39 años

Vine con un diagnóstico de trastorno por atracón. Mi vida giraba en torno a la comida: escondía paquetes, hacía promesas que no podía cumplir y me odiaba después de cada episodio. Pensaba que nadie podía entenderlo.

La psicóloga fue la primera persona que me escuchó sin juzgarme. Trabajamos mi relación con el cuerpo, la autoestima y esa sensación de vacío que intentaba llenar comiendo. Hoy llevo 8 meses sin atracones y, por primera vez, puedo mirar una foto mía sin criticarme. Gracias por el acompañamiento tan humano.

C. E.,

28 años

Soy enfermera y llegué completamente quemada por el ritmo del trabajo. Tenía insomnio, llanto fácil y una sensación constante de tensión en el pecho.

En terapia pude entender cómo el estrés mantenido había desbordado mis recursos. Trabajamos límites laborales, autorregulación y cómo desconectar al llegar a casa. Me ayudó incluso a gestionar la conversación con mi jefa para reincorporarme de manera gradual. Ha sido un proceso clave en mi vida. Aún mantengo sesiones puntuales para evitar recaídas, pero ahora me siento mucho más equilibrada y capaz de gestionar el ritmo del trabajo.

I. B.,

48 años

El TOC me consumía horas revisando puertas, luces y llaves. El terapeuta me explicó el ciclo obsesión-ritual y trabajamos exposición y prevención de respuesta. Es duro pero nunca me he sentido solo. Aunque sigo en terapia para afianzar los cambios, la sucesión de rituales, el pensamiento que antes me martilleaba ya no están de la misma forma, ya no controla mi vida.

E. R.,

31 años

En un momento de crisis con mi imagen, mis proyectos…con mi vida en general, me ayudaron a entender qué quería realmente. Una guía maravillosa.

G. T.,

45 años

Siempre he sido tímido, pero en los últimos años se había convertido en un problema: evitaba reuniones, no podía participar en el trabajo y me daba vergüenza hasta hacer una llamada. Con la terapia estoy aprendiendo habilidades sociales y a tolerar el miedo sin huir. Actualmente incluso he podido dar dos presentaciones en mi empresa.

Todavía me pongo nervioso en algunas situaciones, así que sigo asistiendo a sesiones, pero ahora ya no huyo.

A. N.,

27 años

Mi vida estaba totalmente dominada por la limpieza: horas fregando, duchas de más de 40 minutos y un miedo irracional a contaminarme.

Afectó a mi trabajo y mi relación de pareja. En terapia me están dando herramientas claras, pautas realistas y un acompañamiento lleno de respeto.

Aún estoy en terapia y sé que queda trabajo, pero he reducido mucho los rituales y vuelvo a tener tiempo para mí. Agradezco profundamente la paciencia y el saber hacer de la psicóloga.

Y. M.,

30 años

Busqué ayuda porque mi hijo de 16 años había empezado a faltar a clase, contestaba de malas formas, casi siempre estaba irritable. Se metía en su cuarto y no había manera de hablar con él. Como madre me sentía culpable, perdida y agotada.

El psicólogo nos explicó qué estaba pasando a nivel emocional, cómo poner límites sin generar más conflicto y cómo comunicarnos sin que él se cerrara aún más. Notamos cambios desde el primer mes: volvió a interesarse por el deporte, empezó a hablar más en casa y nuestras discusiones se redujeron muchísimo, pero seguimos asistiendo porque todavía estamos trabajando dinámicas familiares. Aun así, el cambio ha sido enorme.

Gracias por el apoyo y la orientación tan clara.

S. V.,

46 años

A los 40 me encontré en una especie de limbo: no sabía si quería seguir en mi trabajo, mi relación se había enfriado y sentía que todo lo que hacía era por inercia.

Las sesiones me ayudaron a entender que estaba agotada emocionalmente y que necesitaba parar. Aprendí a tomar decisiones desde la calma y no desde el miedo.

Todavía sigo en proceso, pero ya me siento más centrada y estoy tomando decisiones más coherentes conmigo. Ha sido un alivio enorme. Ahora he cambiado de departamento en mi empresa y me siento mucho más alineada conmigo misma.

R. S.,

40 años

Durante casi tres años no pude viajar sola ni siquiera a dos estaciones de metro de mi casa. Me daba miedo desmayarme, perder el control, quedarme atrapada. El psicologo me enseñó a entender lo que estaba pasando en mi cuerpo y graduó conmigo cada exposición. Fuimos paso a paso: primero caminar por la calle, luego entrar en el metro acompañado, después sola… El día que hice mi primer trayecto completo lloré de emoción. Eternamente agradecida.

L. D.,

43 años

Vivía en un estado de alerta constante. Aunque todo estuviera bien, mi cuerpo actuaba como si hubiera peligro. Gracias a la terapia aprendí a identificar mis pensamientos catastrofistas y conectar con mi cuerpo. Hoy me siento más ligero.

A. J.,

51 años

Tenía muchos enfados y no sabía cómo explicarlos. En las sesiones puedo hablar sin sentirme juzgado. Aún estoy aprendiendo a gestionar mis emociones, pero ya discuto menos con mis padres.

E. K.,

18 años (15-16 durante la terapia. Sesiones esporádicas posteriores

por propia decisión)

No me reconocía después de dar a luz. Todo el mundo me decía que debía estar feliz y yo solo sentía una tristeza profunda y un cansancio que no desaparecía. En terapia me explicaron que no estaba sola, que lo que me pasaba tenía nombre y tratamiento.

La psicóloga fue un sostén enorme en un momento muy oscuro. Le estoy infinitamente agradecida.

K. S.,

32 años

Antes de comenzar la terapia no atendíamos a muchas cosas que ahora nos hacen felices. Para empezar, pensábamos que el sexo es más propio de etapas anteriores y que se extingue el deseo. Igual que planes de aventura. No hace falta hacer viajes ni gastar mucho dinero para sentirnos jóvenes en pareja.

M. T. y J. I. I.,

58 y 63 años